
Lejos de lo que se pensaba hace años, la neurociencia ha demostrado que el cerebro humano no está diseñado para realizar varias tareas cognitivamente exigentes a la vez. Lo que hacemos en realidad es cambiar rápidamente de una tarea a otra, lo que conlleva un “coste de cambio” mental.
Según un estudio de la Universidad de Stanford, quienes intentan trabajar en modo multitarea de forma habitual tienden a rendir peor que aquellos que se enfocan en una tarea a la vez. Además, se ven más afectados por las distracciones y tienen menor capacidad para retener información.
🧩 Dato clave: Cambiar constantemente de tareas puede reducir tu productividad hasta en un 40%, según la American Psychological Association.
Vivimos hiperconectados. Reuniones virtuales, mensajes instantáneos, herramientas colaborativas… El flujo constante de información nos empuja a estar “en todo”, pero ¿a qué precio?
En un entorno donde se valora tanto la eficiencia como el bienestar, recuperar el foco se ha convertido en una necesidad. Las empresas más innovadoras ya promueven políticas de concentración, espacios sin interrupciones y gestión inteligente del tiempo.
Empieza el día con aquellas actividades que generan más valor. Usar una matriz de prioridades o la técnica Eisenhower puede ayudarte.
Silencia notificaciones, define bloques de tiempo para revisar correos y mantén tu entorno de trabajo limpio (física y digitalmente).
Dedica tramos de 45-60 minutos a tareas concretas sin interrupciones. Luego, toma pequeños descansos.
Si una tarea requiere concentración, dale toda tu atención. Terminar una tarea bien es más productivo que avanzar varias a medias.
Si lideras equipos, promueve espacios sin reuniones, evita sobrecargar de tareas simultáneas y permite momentos de desconexión real.

Comentarios